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miércoles, 11 de agosto de 2010

Aquópolis... ¿Estás seguro de lo de "aquo"?

Han pasado ya varias semanas (la pereza...), pero había que dejar constancia de ello... Fue en uno de estos abrasivos (que no calurosos) días del verano madrileño, cuando decidimos acercarnos a disfrutar del sol y (sobretodo) el agua en el parque acuático de Madrid: Aquópolis. Siendo este nuestro país uno de sol, playa y chiringuitos, un parque acuático de su capital tenía que ser la repera. El precio (20 euracos por barba) nos hacía pensar que el parque merecería la pena, la emoción estaba asegurada... ¡Y vaya si lo estaba!

Las instalaciones están situadas en Villanueva de la Cañada, en lo que aquí se empeñan en llamar "las afueras de Madrid"... A más de 40 kilómetros del centro, bien adentrados en la estepa castellana. Es bien sabido por todos que Noia está a las afueras de Santiago, y que por tanto, Santiago tiene unas playas maravillosas... Villanueva de la Cañada está a tomar por saco, en una llanura en donde el sol da por todos lados como la lluvia de Forest Gump (incluso desde abajo). Así que, sol no iba a faltar.

Al llegar, rápidamente nos dimos cuenta de que el precio de la entrada se les queda corto a los del parque, razón por la cual tienen la imperiosa necesidad de cobrar por todo. Quieren cobrar por el párking, habiendo uno gratuito al lado (los coches se funden al sol igual en un lado u otro, pero si puedes pagar por ello lo hace con más estilo). Quieren cobrar por las taquillas. Por supuesto, la comida y la bebida están al alza... Y hasta cobran por alquilar las colchonetas para ir a los toboganes donde hiciesen falta (que no son todos). Esto último fue lo que más me llamó la atención: Sin entrar en que por el precio del alquiler casi la puedes comprar en cualquier tienda de playa, ¿cual es la ventaja? Los toboganes tenían sus propias colchonetas, ¿por qué me hacen pagar para cargar con una todo el día? Y lo que es peor, ¿qué hago con ella en los toboganes donde no la puedo usar (más de la mitad)? Claro que los flotadores que ya había en las atracciones eran limitados, así que había que hacer más cola para esperar el flotador que en la propia atracción... Me hizo gracia un comentario en internet que lo explicaba diciendo que unos (los flotadores de la propia atracción) eran los flotadores del pobre, mientras que los otros (los de alquiler) eran los del rico. Es difícil de explicar, pero quiero dejar claro que el que ideó este sistema es un lumbreras: "Pagas 20 euros por entrar al parque y hacer colas infinitas; y si no quieres colas, pagas 10 euros más... Pero tienes que cargar todo el día con el puto flotador, y estar preocupado por donde lo dejas (porque, evidentemente, hay una fianza)." Política de marketing, la llaman...

Pero ahí no acaba la diversión. No sólo hay que felicitar al departamento de marketing. Los diseñadores del parque también se han lucido. Apenas hay sombras, ni zonas "verdes", y las que hay están quemadas y poco cuidadas. Las atracciones se cuentan con los dedos de las manos. Y bueno, luego está El Suelo... Un suelo de una especie de cemento con pinchos que hará las delicias del que vaya descalzo. Entre esa superficie rugosa y el calor del sol, parecíamos faquires... Anteriormente, había ido a un par de parques acuáticos, y ambos tenían superficies lisas, con agua por todas partes (es un parque acuático, de eso se trata), incluso por los caminos que conectaban las atracciones. Esto, que por aquel entonces me pareció curioso, ahora me parece vital. En Aquópolis tienes que andar corriendo de un lado para otro para no abrasarte los pies, y con cuidado de no pisar alguna piedra suelta...

Así que entre que el calor, las colas en las atracciones, y que el agua paradójicamente reinaba por su ausencia, pasamos más tiempo secos que mojados... ¿Y quién se había olvidado de la crema? Claro que sí, al final del día me había convertido en el Doctor Zoidberg... Claro que con algo más de agua, a lo mejor me habría quemado menos.

Eso sí, a pesar de las circunstancias, no puedo negar que me lo pasé en grande, no tanto por el parque (aunque reconozco que hay un par de atracciones que merecen la pena) más que nada por la compañía, que fue la que me apoyó en los momentos iniciales para que olvidase la indignación de la primera toma de contacto ("menuda mierda de parque", "deja de quejarte")... No pensé más en ello el resto del día y hasta hoy. Y hoy me he desahogado. Y es que Madrid se merece un parque acuático en condiciones, y no el infierno que tienen allí montado...

N.de A. Si alguien sabe de un parque acuático decente por la zona centro, que no dude en corregirme.

martes, 24 de noviembre de 2009

Cine como Mandan los Cánones

El otro día fui al cine por primera vez desde que resido en la capital española. Para ello, y sabiendo que, sí o sí, iba a tener que desembolsar una suma de dinero bastante más importante que lo que pagaba en Santiago (y que ya es exagerado), decidí buscar en la red un buen cine, uno que mereciese la pena pagar. Además, la película escogida fue 2012, y no hace falta decir que tiene unos efectos especiales de mear y no echar gota, así que merecería la pena.

Descubrí entonces el Kinépolis, situado en la Ciudad de la Imagen. Con ese nombre, seguro que no defraudaba. Está en las afueras de Madrid, en Pozuelo de Alarcón, así que lo mejor desde el centro es coger el coche (si no, también llega el transporte público, metro hasta Colina Jardín, y transbordo al tranvía), y se llega en apenas 20 minutos desde el centro. El desplazamiento es casi inevitable en una ciudad grande, así que, puestos a moverse, mejor irse a las afueras, que es donde se encuentran los cines más decentes.

El segundo factor que más temía, como comentaba antes, era el del precio. En Santiago, en el Área Central, ya rondan los seis euros (y en algunos casos los superan), lo cual me parece completamente fuera de lugar, pues las salas son bastante limitadas. A veces duele pagar eso por unas instalaciones que casi casi tenemos en casa... Eso sí, yo siempre dije que estaría dispuesto a pagar incluso más que los seis euros por una sala decente. Y este iba a ser el caso. Pero para mi sorpresa el precio tampoco se alejaba mucho: Algo más de siete euros, un domingo, y para una película estrenada esa misma semana. Me quedé sorprendido, pero más lo iba a estar al llegar al sitio.

Un edificio cúbico de grandes proporciones, de piedra blanca, con las letras de Kinépolis brillando en la fachada. La entrada, con enormes puertas de cristal, daba paso a un hall con un techo infinito, con las taquillas en medio, abarrotadas de gente. Aquel lugar tenía un ligero aire a la bolsa de Nueva York... Pasando de las taquillas (pues habíamos tenido el reflejo de comprar las entradas por Internet, lo cual no sólo te evita colas interminables, sino que además te permite escoger los mejores sitios), penetramos a la zona en la que se encontraban las salas.

Era un enorme pasillo, tan ancho que podría decirse que era más bien una sala. Aqui los techos eran mucho más bajos que en el hall, y estaba todo enmoquetado de arriba abajo, creando esa atmósfera de insonoridad propia de los cines. A cada lado del pasillo se encontraban las entradas de las 25 enormes salas que conformaban aquel paraíso cinéfilo. La disposición recordaba a alguna peli de ciencia ficción, siendo las puertas de cada sala el acceso a las naves espaciales que permiten viajar a planetas remotos... Para reforzar esta idea futurista, entre las entradas de las salas encontramos diferentes salones, abiertos al pasillo, con confortables sofás para la espera antes de entrar en la sala, y con decenas de pantallas planas, en las que se emiten los trailers y anuncios de turno, pues una vez dentro de la sala, no veremos anuncio alguno antes de la película.

Nuestra sala, la número 25, no se encontraba en los laterales del pasillo, sino que estaba al fondo del todo. Era la más grande. Dos enormes puertas, una a cada lado de la sala, se abrieron para dejar paso a las más de 1.000 personas que caben en la sala, que ese día estaba al completo. A los lados de cada puerta, una placa plateada con letras negras indicaba que la sala estaba certificada por THX.

La inmesidad de la sala era abrumadora. Los más de 1000 asientos se disponían como en un anfiteatro, con pendiente, de tal forma que los altos no podamos molestar... Los gordos (o la gente con piernas largas...) también estarían cómodos: Los asientos, que ya están desplegados (no son plegables), tienen suficiente espacio como para estirarse sin problemas. Tampoco hay problemas con compartir posabrazos, pues son anchos para dos brazos.

La pantalla (de 25x10 metros, según me he informado) te hace sentir pequeño, y una ligera curvatura hace que la imagen sea, literalmente, envolvente... Añadir que estabamos en la fila 4. Esto, en otros cines, supone adoptar posturas imposibles si quieres evitar una tortícolis durante una semana... En este caso, en el que la pantalla es tan grande, se podría pensar que sería todavía peor. Nada más lejos. Incluso en esa fila la comodidad es insuperable y la imagen se ve a la perfección. El truco, han dejado un amplio espacio entre la pantalla y la primera fila. Y cuando digo amplio, me refiero a muchos metros, me refiero a que, sin exagerar, una sala de cine normal cabría en ese espacio...

Lógicamente, una sala de estas características es ideal para una película con tanto efecto y tanto sonido como 2012, pero he de decir que hacía tiempo que no salía tan contento del cine... Y con tantas ganas de repetir. Es una pena que, en una ciudad como Santiago, volcada con la cultura y con un festival de cine anual medianamente importante, no haya un cine con características similares. Alguno me vendrá con que, con la piratería, en Santiago no se llenaría...

Precisamente, este tipo de salas devuelven al cine la espectacularidad que se merece y que tenía antes, nos da un servicio imposible de tener en casa (y menos con el screener de turno...). Las salas que antes podían atraernos (porque en casa teníamos teles de tubo con VHS), ya no nos atraen, están obsoletas. Ahora cualquiera con algo de interés puede tener en casa un proyector con Dolby Surround y BluRay, y tendremos un servicio casi igual al que hay en muchos salas de cine (todas las de Santiago). No niego que las descargas legales hagan que nos de pereza ir al cine y pagar por ver bodrios cuando podemos verlos cómodamente en casa, pero si nos ofrecen un servicio espectacular, que nos haga movernos del sofá, ya casi dará igual la película que vayamos a ver.

miércoles, 4 de marzo de 2009

RyanAir va a efectuar su Salida de la Crisis...

Con esto de la Crisis Económica Mundial (con mayúsculas, para darle más trascendentalidad), casi nadie se libra de sus efectos, y pocas son las empresas que no han sufrido una bajada en sus cifras de facturación y demás... Hablábamos hace ya un tiempo de las consecuencias de la crisis en el servicio ofrecido por Vueling, compañía aérea que pasó de ser una compañía barata con buenos servicios, a una lowcost cara para un servicio que deja desear, tanto en comodidad como en puntualidad...

Hay otra compañía aérea, sin embargo, a la cual la crisis parece haberle sentado bien. Está claro que, en momentos como éste, la gente tiende a consumir productos más económicos, si tiene la alternativa. Por ello, mientras los productos de calidad pierden adeptos, los productos más baratos los ganan.

Y en el caso de las compañías aéreas, RyanAir es, sin duda, la más barata y, lógicamente, su servicio también dejaba que desear... Pero entonces llegó la crisis, y mientras compañías como Vueling, con precios ligeramente superiores a los de Ryan, tienen que apañárselas para bajar sus precios, recortando costes de donde sea (quitando comodidades, lógicamente), otras como Ryan de pronto ve de pronto cómo una enorme masa de clientes rebotados de otras compañías, bien por precio bien por descontento por el empeoramiento del servicio, "aterrizan" en sus aviones...

De este modo, Ryan no sólo no tiene que subir los precios para hacer frente a la crisis (o bajarlos aún más quitando los escasos servicios que daban), sino que puede incluso mejorar el servicio e igualar o superar a sus competidores...

De esta forma, he podido comprobar en mis carnes, y con grata sorpresa, el buen servicio de la compañía irlandesa: Puntualidad extrema, y comodidad como hacía tiempo que no veía. Todos los asientos (no sólo los de las salidas de emergencia) disponen de un gran espacio para las piernas (y no lo digo sin conocimiento de causa), y en las salidas de emergencia (asientos que, mientras en Vueling cuestan 10 euros más, en Ryan, al no estar numerados, se pueden escoger sin problemas) el espacio es exagerado, de forma que te puedes estirar sin ningún problema...

Y como desde hace unos meses Ryan Air vuela a Madrid desde Santiago a diario, pues últimamente frecuento mucho más la capital, cómodamente, sin retrasos (bueno, una vez hora y media... pero normalmente llega antes de tiempo), y a un precio muy competitivo... Bueno, no es la única razón por la que voy tan a menudo a Madrid... Pero es un aliciente...

Eso sí, no todo van a ser flores para la compañía de las azafatas cachondas... Además de la voluntad de cerrar definitivamente los mostradores de facturación (sólo habrá un espacio para dejar el equipaje; los billetes habrá que imprimirlos en casa obligatoriamente), lo que más llama la atención es la intención de la compañía de hacer pagar para usar el retrete de abordo... Yo no es que suela mear en vuelos cortos, pero como tenga muchas ganas y estemos a 8000 metros de altura, a ver quien es el guapo que me niega la meada... Como se pongan tontos les meo en el carrito de la comida...

... ¡Ey! Dejad de mirar a la azafata que se va a desgastar... (La foto se amplía haciendo click en ella)...

lunes, 28 de abril de 2008

La Noche de las Chapuzas de Cadena 100

El pasado sábado, 26 de Abril, a las ocho de la tarde, tuvo lugar en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, el "prestigioso" concierto de los Números Uno de Cadena Cien. Concierto que reunió a Melocos, Hombres G, Pereza, Lucas Masciano, Los Secretos y Estopa. Un cartel no demasiado malo, si tenemos en cuenta que el evento era gratuito, si antes conseguías las invitaciones correspondientes.

A mí personalmente esos grupos ni me van ni me vienen. Sí, me mola alguna canción, pero tampoco es que me muriese por ir a verlos. Pero bueno, pensé que podría pasar un buen rato en buena compañía, y como tenía pensado pasarme por Madrid ese fin de semana, pues envié el mensaje para conseguir las invitaciones. Y así fue como el pasado fin de semana, me encontraba yo delante del Palacio de los Deportes, dispuesto a entrar en el recinto y disfrutar de un conciertillo, del que ya me habían dicho que no sería gran cosa. Pero bueno, tendría su gracia.

La tendría... El caso es que nunca lo llegué a saber, porque nunca llegué a entrar en el pabellón donde tenía lugar el concierto, pues, estando yo y otros cientos de personas más esperando en la cola para entrar, de pronto, un señor con cara de mala leche salió por la puerta, y con un gesto con las manos les indicó a los seguratas que ahí ya no entraba nadie más. El aforo estaba completo.

Tras unos momentos de confusión e incredulidad, empezamos a asumir que aquello no era una broma de mal gusto. No podía ser verdad. En aquel momento, seguramente todos pensamos lo mismo: "Si lo llego a saber...". Si, porque muchos de los que se quedaron fuera, habían estado durante un buen rato haciendo tiempo, bebiendo y cantando... Mi caso es mucho más cruel, pues estuve esperando a cierta persona, y acompañándola a por su entrada VIP, con la que pasó al recinto al momento, mientras yo hacía a la cola "nomal"... Vamos, que la cara de tonto sólo me la pudo quitar la sangría con la que venía aprovisionado...

Si lo llego a saber... Lo siguiente, fue mirar la letra pequeña que venía en la parte de detrás de la invitación. Primer línea: "Esta invitación da derecho al acceso al concierto, hasta completar el aforo"... Vaya por Dios.

Así pues, legalmente no había nada que hacer. Los de Cadena 100 se habían cubierto bien las espaldas. Y por si acaso, en las condiciones añadían algo así como "la organización del evento se reserva el derecho a cambiar las condiciones". Vamos, que aquello les daba carta blanca para hacer lo que les diese la gana... Muy bien. Está claro que a mí no me va a indemnizar nadie, ni que tampoco me van a devolver los 2 euros que me cobraron por el mensajito para conseguir las invitaciones... No. Pero amigos de Cadena 100, yo, también tengo un medio de comunicación.

Sí, es cierto, "a quien madruga...". Pero las cosas no se hacen así. Lógicamente, si hubiese leído esa letra pequeña, no hubiese hecho el tonto esperando a la persona antes citada (mejor no te nombro) que entró, quedando yo y mi acompañante fuera. Yo no me merecía quedarme fuera. Bien es cierto que tampoco es que me moría de ganas por ir al concierto... Pero una vez allí, me jodió. Y lo primero que pensé fue "vaya falta de organización de Cadena 100".

Sí, porque eso de dar invitaciones a más gente de la que puede entrar es de chapuceros. Con la excusa de que "es gratis" (que tampoco lo es, pues el mensajito de todos los que nos quedamos fuera, da para pagar a más de uno) pensaron aquello de "más vale que sobre que que falte" y dieron invitación a todo quisqui. Sinceramente, hubiese preferido que no me dieran la invitación desde un principio, y no que me haya tomado la molestia de ir hasta el sitio para quedarme en la puerta.

Pero a Cadena 100 eso le importaba poco. "Queremos que el sitio esté a reventar", pensaron. Así que, antes de que hubiese algún hueco por si alguno se ponía enfermo, prefirieron arriesgarse a dejar a gente fuera. Y así fue como nos quedamos cientos sin concierto.

Y ante la tremenda metedura de pata, ante la chapuza visible de la organización del concierto, ¿se dignarían a pedir disculpas públicamente a todos los que nos quedamos desilusionados por lo ocurrido? ¿Algún tipo de declaración al respecto? Pues si la hubo, yo no la escuché por ningún lado. Y eso que yo, hasta ahora, era un oyente empedernido y defensor absoluto de Cadena Cien. Lo único que escuché fueron declaraciones de los distintos locutores diciendo lo bien que se lo habían pasado en el concierto. De los muchos que se quedaron sin él, no oí ni una sola palabra.

Pero no todo van a ser críticas. Hubo una persona esa noche que me quitó en parte el cabreo. Me sorprendió muy gratamente y verdaderamente le honra su gesto. Me refiero a Carlos Moreno, "El Pulpo", locutor de Cadena 100, e ídolo personal desde que cantó la canción del "opening" de Oliver y Benji (todavía no sé con seguridad si la original es realmente suya...). Resulta que, en mi intento desesperado por entrar en el concierto, fuimos a la entrada trasera del recinto, por donde entraban los periodistas y las estrellas... En esto que pasa un tío acelerao. Yo no lo reconocía, pero en cuanto dijo dos palabras con esa voz característica, supe al momento que se trataba de él. Era "el Pulpo" de Cadena Cien...

Gracias a la chispilla que me había otorgado la sangría, me dirigí a él. "¡Pulpo!", le espeté. Le tendí la mano y le dije "hola, Pulpo, encantado, soy Guillermo"... ¡Ole mis huevos! ¡Como si me fuese a conocer! (a lo mejor es lector de BloGui-J). Pero el tío, lejos de pasar de mí como hubiese hecho cualquier otro famosete, me dio la mano, y con su inconfundible voz me dijo "hola Guillermo ¿qué tal?". "Mmm, me ha reconocido", pensé, "seguramente del blog...". Le conté que me había quedado fuera, y él me dijo lo que yo ya sabía, que en la invitación ponía claramente esto y lo otro y tal y cual. Le dije que aquello era una pena, que mucha gente se había quedado fuera, y que era triste esa falta de organización, una mancha en el currículum de Cadena 100. Él me dijo que lo sentía pero que no podía hacer nada... A mí realmente ya me daba igual (¡estaba hablando con el Pulpo! ¡Eso era mucho mejor que la mierda de concierto que estaba sonando en el edificio!), pero en un último y desesperado intento por entrar, le dije, "Pulpo, tío, que vengo desde Santiago exlusívamente para ver el concierto (mentira), ¿no crees que es injusto?". Pero el Pulpo se tenía que ir (era presentador de la gala) y lo último que me dijo fue "esto lo hemos hecho por vosotros"...

En fin. Las palabras del Pulpo todavía resuenan en mi cabeza. Fue un momento bonito. Extraño pero bonito. Sólo dos cosas, Pulpo: Si habéis hecho el concierto por nosotros, me parece muy bien, pero es que yo y muchos otros oyentes de Cadena Cien nos quedamos fuera... Y la otra, si sigo siendo oyente acérrimo de Cadena Cien, es gracias a ti, Pulpo.

Y una última. Página de Cadena 100, descripción del Pulpo, última frase: "El Pulpo es un tío que se esfuerza porque seas un poco más feliz". Pues síp.

martes, 11 de marzo de 2008

La Leyenda de la Noche Madrileña

Un estruendo rompe el silencio en la noche madrileña. Es un ruido sobrenatural, de ultratumba, jamás escuchado en la faz de este planeta (al menos no en la historia reciente). Los vecinos de los edificios cercanos, y no tan cercanos, miran asustados por sus ventanas, inocentemente protegidos por una cortina o una persiana, queriendo escudriñar sin éxito en la oscuridad...

El sonido se hizo más fuerte, hasta tal punto que las paredes temblaron. La gran parte de los curiosos que miraban por sus ventanas se apresuraron a cerrarlas a cal y canto, y a apagar la luz, tratando de ser invisibles ante la amenaza que se acercaba, inconscientes del peligro que se cernía sobre ellos...

El sonido se hizo ensordecedor. Eran risas, gritos, gemidos, llantos... Entonces, algo extraño sucedió. Un grito aterrador, y de repente, un saco de cemento apareció volando por los aires, saliendo de la nada... La fuerza con la que volaba era tal, que en pleno vuelo se rompió en mil pedazos, y una polvareda invadió la calle, haciendo todavía más difícil distinguir nada. Entonces, se hizo el silencio.

El polvo fue disipándose poco a poco. Y sólo entonces, por fin se pudo ver el origen de todo aquel alboroto. Diez sombras se alejaron del lugar de los hechos, con paso no necesariamente rápido, entre risas y gritos. Su destino no estaba claro, pero seguro que dejarían una senda de destrucción a su paso...
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Horas antes, los peligrosos protagonistas de esta historia se encontraban tranquilamente en casa de uno de ellos... Todo parecía normal, la típica reunión de amigos, y amigos de amigos, con conversaciones normales, risas normales, gente normal en definitiva. Pero entonces, una voz misteriosa y seductora entró en sus cabezas, cual canto de sirena en un navío vikingo, atrayendo su atención irremediablemente. La voz recitaba unas frases encandiladoras, que no podrían ser reproducidas aquí sin perder gran parte de su encanto...

Quizás fueron aquellas palabras provenientes de una dimensión desconocida las que provocaron el posterior desatamiento de los protagonistas... O quizás fueron "Las Nuevas Trancas", un tequila de procedencia tan dudosa como la originalidad de su nombre...

Pero el caso es que la destrucción no se detuvo ahí... En algún lugar de la capital, un local nocturno sufriría las consecuencias de este ciclón. La rapidez con la que actuaban era tal, que a pesar de estar abarrotado y contar con ciertas medidas de seguridad, nadie se percató de cómo ni cuándo los protagonistas se llevaron medio techo por delante, causando el pánico entre la multitud... De aquella masacre, sólo el hombre más pequeño del mundo pudo salvarse, haciendo gala de una increíble habilidad para pasar desapercibido...
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Una nueva noche caía en Madrid. Algunas voces comentaban nerviosas lo ocurrido la noche anterior. La gran mayoría mantenía el silencio, temerosos. Otros se limitaban a comentar lo ansiosos que estaban por ver el Chiki Chiki en la gala de Eurovisión... Pero todos temían que se repitiese la masacre.

En un bar de tapas céntrico de Madrid, diez jóvenes amigos tomban unas cervezas y algo de sidra para acompañar los numerosos pinchos que ofrecían. Poco a poco, una sombra volvía a caer sobre ellos... La locura les llevaba incluso a ser "agresivos" entre ellos, y pronto empezaron a lanzarse comida y bebida (o a cebarse los unos a los otros)...

La calma cayó en el grupo por un momento... Pronto llegaron a otro local. Alguien dijo tiempo después que, "si se pudiese representar a este variopinto grupo en un bar, sería este". Cuando llegaron se sintieron extraños. La gente que pululaba por allí podía igualar a los diez malvados protagonistas en cuanto al terror que provocaban al resto de los mortales. Era una especie de bar de los horrores... Pero para gente como los protagonistas, aquello era como estar en casa...

Allí, un pobre vendedor de flores fue víctima de los juegos de los protagonistas. Tras una tímida entrada ofreciendo flores al personal, el grupo lo cogió por banda, y lo atrajo en sus redes. Finalmente, no se sabía si el vendedor era víctima del grupo, o si por el contrario había pasado a formar parte de él. Pero lo cierto es que las flores que llevaba el hombre sí se podrían encontrar entre los daños causados...

Tras simpatizar con la gente de aquel curioso bar, y en pleno apogeo de la noche, decidieron volver al local de la noche anterior, cual catástrofe natural que siempre se ceba con los países más necesitados... Y una vez más, tentando a su suerte, o tal vez demostrando que la suerte no había tenido que ver, volvieron a causar destrozos, dejando el cableado del lugar al alcance de la mano, para disfrute de los más borrachos del lugar...
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Poco antes, sin una explicación lógica, el temible grupo fue invitado a casa de unos inconscientes, que atrajeron a los protagonistas bajo promesas de ver los pechos más grandes que jamás hubiese visto cualquier persona, animal o cosa...

Y nada más cruzar la puerta de la morada, con ellos entró la destrucción... Haciendo gala de una fuerza descomunal, uno de los protas arrancó el perchero de la pared, sin mayor esfuerzo, mientras otra agujereaba el parqué de la casa, sólo con caminar por una de las habitaciones... Era lo nunca visto... Pero las tetas no aparecieron por ningún lado...
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El fin de semana llegó a su fin, y el grupo, para alivio de los madrileños, se separó por fin... Atrás quedaron muchas anécdotas, muchas más de las que aquí se han contado. Diálogos extraños, hablando de tipos de tableros de madera, fimosis, animales vegetarianos, o de levantar coches entre dos (a pesar de su brutal fortaleza, no fueron capaces de levantar un Smart...), demostraciones de poderío, no sólo físico o mental, sino también de riqueza, cogiendo taxis hasta para ir a la vuelta de la esquina...
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Todo ello es lo que dice la leyenda, lo que se cuenta que sucedió el pasado fin de semana... Pero ¿cómo diferenciar la realidad del sueño? ¿Cómo creerse lo increíble, lo inimaginable o impensable? ¿Cómo no pensar que todo ello son habladurías, una farsa sin sentido?

Eso, amigos míos, sois vosotros los que tendréis que decidirlo, los que tendréis que averiguar qué parte es cierta y qué parte no lo es. Qué parte tiene sentido, y cual no... Pero tenedlo claro: La leyenda también asegura que pronto, no se sabe exactamente cuando, pero que en algún momento, la maldición de este grupo regresará, y caerá en algún otro lugar, causando otra ola de destrucción. Aseguraos de estar lejos cuando ocurra... O formad parte de ella...