martes, 25 de noviembre de 2008

Sabana Jones

Hay veces que a uno le ocurren casualidades, como cuando encuentras a alguien en un sitio que no esperabas, o que dos mundos completamente diferenciados en tu mente, tengan sus puntos en común. Otras veces, uno tiene lo que vulgarmente se llama "potra", "chorra", "chiripa", o sencillamente suerte, como podría ser encontrarse un billete de cinco euros por la calle, o que empiece a llover justo cuando se llega a un sitio cubierto...

Pero hay veces en los que, haciendo méritos para que te suceda algo malo, no sólo no te pasa, sino que además, y gracias a una conjunción de casualidades y suerte, consigues sacar de ahí una situación más que cómica, sublimemente irrisoria... ¿Cómo se podría llamar a eso? Para entenderlo mejor, me explicaré, primero visualmente, y después trantando de hacer llegar a qué me refiero... Mirar esta foto atentamente:

Este PC City me suena...

Como cada día, abres la ventana para airear la habitación, para deshacerte de ese aroma mañanero que destila (nunca mejor dicho) tu habitación después de una resaca. En un alarde de inspiración, recordando vagamente aquellas cosas que hacía tu madre cuando vivías en su casa, decides poner las sábanas en el marco de la ventana para que se aireen también, que huelen a caldofrán... Pero claro, como suele ocurrir en estos casos, te has olvidado de parte de la lección, y en lugar de recogerlas a los cinco minutos, decides dejarlas en la ventana todo el día... Lo cual, viviendo en un sexto piso, no sólo aireará las sábanas, sino que las centrifugará y, con algo de tiempo, terminará por hacer que las sábanas se precipiten al vacío...

Entonces comienza la odisea de la sábana voladora, que tras librarse de sus ataduras y con ayuda de la fuerza de la gravedad, cae un piso, cae otro, y otro, y otro... Todo ello al tiempo que va dando vueltas en el aire, rozando levemente los marcos de las ventanas por las que va pasando, en cada piso, amagando un posible receso en alguna de ellas que no se produce, pero que va suavizando la caída... Hasta que finalmente, tras un cuádruple (o quintuple) salto mortal con múltiples tirabuzones, se coloca en perfecta posición para caer con una precisión digna de Gervasio Deferr (de hecho sólo le faltaban los brazos en cruz para saludar), cubriendo exacta y completamente uno de los focos del PC City situado en la planta baja, no sólo evitando el contacto con el suelo y el posible pisoteamiento posterior, sino disimulándose a la perfección con la red verde que recubre el andamio situado al lado, de forma que nadie, excepto el implicado, sospechase absolutamente nada de la esperpéntica imagen resultante...

Ver para creer...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Vueling la está Shiting...

Hacía ya unos cuantos meses que no volaba con Vueling, bien sea porque sus horarios no me satisfacían, bien porque los destinos desde Santiago no eran los que yo quería. Desde hace un tiempo que ya no vuela a Madrid, y los vuelos a Barcelona tenían horario de abuela, estudiante o parado, es decir, a mediodía, cuando peor viene. Así pues, mis últimos viajes a la ciudad condal los había hecho con Clickair, compañía con la que me reconcilié tras joderme bien en uno de los múltiplos viajes que hice con ella (sísí, el mismo día que conocí el famosos "Monstruo del Prat").

Pero justo cuando le había pillado el tranquillo a Clickair, van y cambian los horarios de sus dos vuelos diarios a Barcelona. Ellos también se apuntaban a lo de un único vuelo en horario de mierda... Pero justo entonces, después la reciente alianza que han declarado ambas compañías, Vueling vuelve a poner dos vuelos diarios, uno por la mañana y otro por la tarde... Así que el siguiente viaje a Barna sería con Vueling. Y eso me alegraba.

Como dije antes, hacía tiempo que no volaba con Vueling, pero la verdad es que guardaba un buen recuerdo de ella. Si se podía hablar bien de una compañía aérea, esa era Vueling. Sus precios no eran los más bajos, si los comparamos con Ryan Air o la misma Clickair, pero el servicio era impecable. Puntualidad, comodidad en sus vuelos (con asientos de cuero y suficiente espacio para las piernas; en mi caso, un auténtico milagro), periódicos y revistas gratuitas (algunas interesantes como la Rolling Stones, por ejemplo), y esa simpatía jocosa que derrochan los empleados con lo de "que tenga un buen vueling"... En fin, que merecía la pena pagar algo más, sabiendo que tendrías todas esas comodidades extra... Pero como se supondrá por el título del artículo, todas estas cosas y mis buenos pensamientos se esfumaron cuando este fin de semana volví a subirme a un avión de los de la "nube políglota"...

Mi vuelo salía a las 19:15, por lo que el embarque comenzaría a las 18:45 (30 minutos antes). A esa hora llegué yo, algo apurado pensando que llegaba justo, cuando en el televisor donde aparecen los vuelos pude ver con resignación que mi vuelo había sido retrasado... Una horaza... Pero bueno, lo único que se puede hacer en esos casos es cagarse en la aviación, sentarse y esperar...

Cuando por fin llegó el avión y pudimos embarcar, entendí lo que pasaba. Antes, nada más enseñar mi billete y mi DNI, la azafata de turno colocó una pegatina en mi maleta (de medidas estándar para llevar a bordo), no sabía muy bien por qué. Al llegar a la puerta del avión, me dijeron que tenía que dejar mi maleta ahí porque había que meterla en la bodega (junto con otras que también llevaban la cinta de las narices), pues no iba a caber en los portaequipajes...

Esto primero me jodió (tuve que sacar el ordenador; no tenía candado en la maleta y pasaba de arriesgarme a que me lo robasen, que no sería la primera vez que ocurre), y luego me hizo pensar. Es decir, ¿por qué demonios no iba a caber mi maleta, que cumple con las dimensiones máximas permitidas por la propia Vueling, cuando nunca tuve problemas para llevarla a bordo, aún con el avión a tope? El retraso del avión me jodió, pero esto ya me irritaba... Pero en fin, tiré para delante hacia mi sitio, con el ordenador a cuestas...

Y entonces pude verlo. El origen de todo. El motivo por el que el avión iba con retraso, por el que no cabían las maletas en los portaequipajes, y por el que me iba a pasar hora y media enfrascado cual sardina en lata... Entre las filas de asientos había un espacio de unos 15 centímetros para las piernas. A lo sumo. Y no estoy exagerando (ver foto adjunta). Era verdaderamente ridículo...

Las conclusiones las fui sacando durante el viaje, mientras sudaba como un gordo en una sauna... Los de Vueling, con esto de la crisis y después de pensarselo durante unos cinco minutos (con pausa para el café), habían decidido añadir filas de asientos a sus aviones, para que cupiese más gente y así abaratar costes... Resultados: Para empezar, una incomodidad de la leche (y no sólo para los altos, creedme). Lo siguiente son retrasos en los vuelos, pues aumenta considerablemente el tiempo de meter a más gente y más maletas (no sólo por ser más, sino porque también se reduce el espacio de maniobra)... Y lo peor, no caben las maletas de todos (con las dimensiones establecidas) en cabina... Con lo cual se necesita todavía más tiempo, para bajar las que no caben a la bodega... Es decir, una puta mierda.

Me saldrá alguno con que se pueden elegir asientos más amplios... Pues sí. Pagando 10 euros más. Pero es que ahora, no sólo hay que pagar por elegir un asiento más amplio como era habitual... Es que hay que pagar (2 euros) por elegir cualquier asiento, sea amplio o no (lógicamente, puedes no elegirlo y que sea el azar el que decida en qué "hueco" te meterás). Pero ahí no acaba la cosa. Resulta que en Vueling ¡¡hay que pagar por pagar!! Y esto no es una expresión. Me refiero a que, para comprar el vuelo tienes que pagar una tarifa extra, que va desde 4,5 euros a 8,5 euros, dependiendo de la tarjeta que utilices (te saldrá gratis pagar por tu vuelo sólo si lo compras con la Visa Vueling)... Y esto por no hablar de los 20 euros que te cobran ahora si facturas una sóla maleta (antes permitían llevar gratis 20 kilos, que ya era poco), aunque también es cierto que esto lo han decidido hacer todas.

En definitiva, amigos. Un auténtico escándalo el cambio radical que ha dado Vueling. Ahora más incómodo, con más retraso, mucho más caro... Y sí, mucho menos divertido... Y no hablo de una única experiencia: En el viaje de vuelta desde Barcelona, aunque no tuve que bajar la maleta a la bodega, mi asiento volvía a ser de unas dimensiones casi cómicas, y el retraso esta vez llegó a la hora y media...

Si podéis elegir, no dudéis pagar algo más por evitaros un mal trago casi asegurado. Hacedlo por vuestras piernas, o por aquellos que como yo, no podemos elegir... Y ya sabéis "Fly hoy, means Fucking..."

N. de A. Momentos después de escribir este artículo me compré otro vuelo a Barcelona...